miércoles, 11 de marzo de 2009

Marguerite youcenar



Reseña biográficaPoeta, novelista e historiadora belga de origen francés nacida en Bruselas en 1903.Huérfana de madre desde su nacimiento, fue educada con gran esmero por su padre quien fomentó en ella el interés por la literatura. Publicó la primera colección de poemas en 1921 bajo el título "El jardín de las quimeras" y una segunda colección en 1922 denominada "Los dioses no han muerto".Viajó a Estados Unidos en 1939 como catedrática de Literatura comparada en el Instituto Sarah Lawrence College de Nueva York, y posteriormente estableció su residencia definitiva en el estado de Maine, obteniendo la nacionalidad norteamericana en 1948. Fue reconocida mundialmente por la publicación de la novela "Las memorias de Adriano" en 1951, fama consolidada con otras novelas entre las que sobresale "Opus Nigrum" en 1968. En 1980 fue galardonada con la Legión de Honor y nombrada miembro de la Academia Francesa. Falleció en diciembre de 1987.

Algunos poemas

CANTINELA PARA UN FLAUTISTA CIEGO

Flauta en la noche solitariaPresencia de una lágrima;Todos los silencios de la tierraSon pétalos de tu flor.Sopla en la sombra tu polen,Alma llorando, casi sin ruido,Miel de una boca profundaQue al besar la noche fluye.Y si tus lentas cadenciasSon el pulso de las tardes de veranoConvéncenos que el cielo baila Porque un ciego cantó.

ERÓTICO

Tú la avispa y yo la rosa;Tú el mar, yo la escollera;En la creciente radiosaTú el Fénix, yo la hoguera.Tú el Narciso y yo la fuente,En mis ojos tú brillando;Tú el río y yo el puente;Yo la onda en mí nadando.Y tú el sol y la salY en los labios el caudalDel rumor meciendo el juego.Yo el pájaro y el cieloAzul cruzando su vuelo,Como el alma atiza el fuego

FIRME PROPÓSITO

Ni ampararse del día bajo el árbol de nieblas,Ni morder el verano en las frutas dormido,Ni besar en los labios lentos de tinieblasAl muerto evaporado y vano de haber sido.Ni penetrar el centro del álgebra frío,Ni en el vacío clavar la máscara infinita.Ni sembrar el olvido en el glorioso ríoY derramar la nada en la tumba bendita.Ni rozar, Amor mío, tu boca entregada,Ni su deseo quemar sin la llama esperada,Ni arrastrar en el cuerpo rendido la herida.Ni rezar con las manos juntas de la pena,Pero traer consigo en la noche serenaEl hondo corazón donde sangró la vida.